Antonio Basanta propaga la emoción por la lectura

Apasionado por la lectura, “ese interminable juego de espejos” en el que el texto se hace lector y el lector se hace texto, y esa experiencia “reveladora y transformadora” que reivindica que en la vida venimos a querer y que nos quieran, Antonio Basanta apeló a la emoción en la apertura de las VI Jornadas Intersectoriales de Literatura Infantil y Juvenil organizadas por el Consejo General del Libro en la madrileña Biblioteca Eugenio Trías-Casa de Fieras.

Jornadas 2

Basanta, vicepresidente ejecutivo y director general de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, recordó que leer es como amar, una acción en el que el lector y la lectura se buscan y se encuentran algunas veces por casualidad, otras por intuición u otras a través de una larga peripecia: “Como en el amor,  lector y lectura sólo existen el uno por el otro”.

Su exposición de argumentos estuvo regada por definiciones sobre la lectura, por alusiones a escritores y también por vivencias personales en el encuentro con los libros; de todas sus palabras se desprendía “el vicio de leer, que no es curable y que sólo se mitiga con el descubrimiento de otro libro o de otra persona”.

Recogiendo el mensaje de “lo esencial es invisible a los ojos”, que el zorro regalaba al principito, y aceptando que vive en la comunidad de las palabras, en el tapiz de los textos “abrigado por la multitud de voces en silencio”, Basanta ejerció de científico al servicio de los libros. Primero sintetizó el ADN de la lectura en un compendio de verbos: observar, atender, interpretar y comprender. Este último, en su opinión, escinde a los que leen en “lectores” y “leedores”. Añadió después otra retahíla de acepciones verbales para leer: recoger, cultivar, tirar del hilo para desenredar la madeja, navegar, elegir, recrear, asimilar y compartir. Pero en sus investigaciones de laboratorio, una probeta de poesía se vertió en el debate al referirse a la importancia del lenguaje: “Cuando muere un padre o un madre tenemos las palabras huérfano o huérfana; cuando muere tu pareja, nos quedamos viudo o viuda, pero cuando se muere un hijo… el sabio lenguaje, como la mar, se retira”.jORNADAS 5

Sin quitarse la bata, Basanta instó a sumar otro I+D+i a la realidad nacional: inteligencia, decencia e ilusión. Así poco a poco, según él, llegaremos a darnos cuenta de que tanto libro como lectura y lector empiezan por la letra “L” de libertad.

Flanqueado por Sara Moreno, presidenta del Consejo General del Libro Infantil y Juvenil, y Fernando Medina, bibliotecario de la Biblioteca Eugenio Trías-Casa de Fieras, Antonio Basanta arengó a los participantes de las jornadas sectoriales y a los profesionales del libro a trasmitir los sentimientos que les provoca la lectura y de esta forma “hacernos eco de una alianza indestructible que nos lleva al origen de lo que somos, de una maravillosa cultura del mestizaje”. Al fin y al cabo, la lectura es “una productora de inteligencia imbatible”.

Jornadas 1

Pero, ¿por qué leemos?, ¿qué nos lleva a ello? La pregunta se la formuló también un alumno a un profesor de Oxford hace unas décadas. Basanta recreó ese momento. El profesor guarda silencio, mira a través del cristal de la ventana del aula, se vuelve al alumno y contesta: “Leemos para saber que no estamos solos”. El profesor era C. S. Lewis, autor de Las crónicas de Narnia y el alumno bien podríamos ser cualquiera de nosotros.

La Casa de Fieras, donde se celebraron las jornadas intersectoriales, trajo buenos recuerdos de la infancia a Basanta. Cuando era niño, el zoo, que ahora es biblioteca municipal, tuvo dos famosos elefantes que no coincidieron en el tiempo: Pizarro, que llegó a escaparse a una tahona cercana, y Perico. El director general de la Fundación Sánchez Ruipérez todavía se emociona cuando “a través de la prensa se convocó a los niños de entonces y con mi padre vi llegar un camión con una lona enorme que se fue descubriendo y apareció… Perico”.

Ese marchamo que deja un espacio que con los años se vuelve a pisar motivó que otros episodios tempranos de su vida afloraran como la relación con su madre, “la primera biblioteca que conocí”. Cada noche “visitábamos juntos las estanterías de su memoria”. A veces era el cuento de Caperucita Roja, otra la canción del Conde Olinos… Luego vendría la radio y “escuchábamos embelesados” las tribulaciones castizas de Garbancito de la Mancha que no podía salir de la oreja del buey: “El baúl de historias se iba llenando siempre”.

Su primer libro se lo trajeron unas paperas; el segundo, unas anginas; y el tercero, un cumpleaños, “así fue surgiendo imprevisible y caótica mi primera biblioteca”, a la que luego se añadieron “mi querido Verne, mi admirado Stevenson y Emilio Salgari, de cuya mano descubrí la afilada palabra cimitarra”.

jORNADAS 4

De su camino por la adolescencia y la juventud confesó que estudió Química sin asistir a un laboratorio; idiomas, sin mantener una conversación del más mínimo interés; Arte, sin visitar un museo; y Literatura, sin leer una obra en su integridad, solo fragmentos de muchos libros: “El mester de juglaría contra el mester de clerecía, Quevedo contra Góngora, realistas frente a románticos…un campo regado de cadáveres literarios”. Por eso, confesó, le debía tanto a Carpanta, el Nautilus, Sandokán y la pandilla de niños que soltaron amarras y se pasaron Dos años de vacaciones.

Para redondear su conferencia sobre la pasión de leer y escribir, citó la experiencia vivida por el escritor Franz Kafka en el parque berlinés de Steglitz por donde, ya muy delicado de salud y en sus últimos días, paseaba con su compañera Dora. En ese parque se encuentran a una niña que llora porque ha perdido a su muñeca. Kafka le dice que su muñeca se ha ido de viaje y que él ha recibido una carta suya que mañana leerá a la niña. Kafka escribe diariamente durante unas semanas las cartas y se las lee. Poco a poco intenta separar emocionalmente a la niña de su muñeca y en la última “se despide” la muñeca de la niña diciéndole que se ha casado y le describe a su esposo. “Por entonces la niña ya no la echa de menos. Las cartas le han aliviado la tristeza. Cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir una historia no hay pena en este mundo que no desaparezca”, señaló Basanta, que admira cómo Kafka, invirtiendo el tiempo que no le sobra, queda atrapado por la historia y ayuda a la niña. Jordi Sierra i Fabra recrea este episodio en su relato La muñeca viajera.

Jornadas 3

“Los hombres tenemos más que ver con cuentos que con cuentas, más que ver con esa Caperucita que ya no volverá a Manhattan que con las primas de riego; tenemos que ver con el Gracias a la vida, que cantaba Violeta Parra: Gracias a la vida, que me ha dado tanto. Me ha dado el sonido y el abecedario. Con él las palabras que pienso y declaro: “madre”,  “amigo”, “hermano” y “luz” alumbrando. La ruta del alma del que estoy amando…”, finalizó Basanta.

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Un comentario

  1. Pingback: Antonio Basanta propaga la emoción por la lectura | Calle Real

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *